Chimaev y strickland se encaran cara a cara antes de su combate de ufc

Sean Strickland responde a Chimaev tras sus provocaciones

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Chimaev y Strickland se enfrentan verbalmente en redes sociales antes de su esperada revancha

Sean Strickland responde a Chimaev tras sus provocaciones

La rivalidad entre Khamzat Chimaev y Sean Strickland no se apagó cuando sonó la campana final en el UFC 328. Desde que el estadounidense recuperó el cinturón de peso medio y le asestó a ‘Borz’ la primera derrota de su carrera profesional, los dos peleadores han convertido las redes sociales en su nuevo octágono, con un cruce de mensajes cada vez más subido de tono que apunta directamente a una revancha.

Lo nuevo no es solo el pique verbal, que ya venía calentándose desde el propio combate. Lo nuevo es que Chimaev tiene fecha para volver a competir: el 5 de septiembre reaparecerá en RAF frente a Tyron Woodley, un regreso pensado para afinar su grappling mientras espera la oportunidad que de verdad le obsesiona, la segunda pelea contra el hombre que le arrebató su condición de invicto.


Entre medias, un intercambio de insultos en ‘X’ que ha vuelto a poner el foco sobre una pareja de rivales que ya obligó a la UFC a reforzar la seguridad una vez. Según ha recogido Marca, ninguno de los dos parece dispuesto a bajar el tono, aunque su primer duelo dejara serias dudas sobre si la enemistad es real o puro espectáculo.

Lo que pasó en el UFC 328 y por qué quedó una cuenta pendiente

El origen de todo está en el UFC 328. Allí, Sean Strickland recuperó el cinturón de peso medio imponiéndose a Khamzat Chimaev y colgándole su primera derrota como profesional. El resultado, según la crónica del combate, llegó por decisión de los jueces, un desenlace que cerró de golpe el aura de invencibilidad que ‘Borz’ había arrastrado durante toda su trayectoria en la categoría.

Para Chimaev, encajar esa derrota supuso un antes y un después. No solo perdió el combate: perdió el argumento que le había convertido en uno de los nombres más temidos del peso medio, el de un peleador que arrasaba a todos sus rivales sin apenas recibir daño. Con esa mancha en el expediente, la idea de una revancha inmediata se convirtió en su prioridad, y desde entonces no ha dejado de deslizar que quiere volver a verse las caras con el estadounidense.

Strickland, por su parte, salió del combate con el título recuperado, pero también con un problema físico: una lesión en el hombro que arrastra desde aquella noche. Ese contratiempo ha condicionado su calendario y ha alimentado la incertidumbre sobre cuándo y contra quién defenderá la corona, un vacío que Chimaev ha aprovechado para presionar.

Chimaev, listo «incluso hoy mismo» y con el peso semipesado aparcado

La ofensiva de ‘Borz’ empezó a hacerse ruidosa en el UFC Abu Dhabi. Allí dejó claro que no piensa esperar de brazos cruzados y que su rutina no ha variado un ápice pese al tropiezo. «No ha cambiado nada, seguimos entrenando, esperando a que Strickland salga de su casa. En cuanto me ofrezcan un combate, ahí es cuando volveré. Estoy listo, incluso hoy mismo», afirmó el checheno, dejando la pelota en el tejado del campeón y de la organización.

Ese mensaje tiene una lectura importante de cara a su futuro deportivo. Chimaev había planteado la posibilidad de subir a peso semipesado, un movimiento que le habría alejado de la revancha, pero de momento ese plan queda en suspenso. Su prioridad es volver a cruzarse con Strickland, y eso pasa por seguir vinculado a la división en la que perdió el cinturón.

El corte de peso, el gran obstáculo de fondo

La contradicción está servida. Chimaev llegó a decirle a Dana White que no quería volver a competir en peso medio precisamente por los problemas que arrastra con el corte de peso, un asunto que ha marcado buena parte de su carrera. Ese es el motivo que sostenía la idea de subir de categoría, y también el flanco por el que Strickland ha decidido atacarle.

La paradoja es evidente: para reeditar el combate contra el campeón, ‘Borz’ tendría que someterse de nuevo al mismo proceso que asegura odiar. Ahí reside una de las claves de todo el pulso verbal, porque la revancha que reclama a gritos lo obliga a enfrentarse al que él mismo señala como su punto débil.

La respuesta de Strickland: hombro, tiempo y una pulla al corte de peso

El campeón no tardó en contestar. Días después de las declaraciones de Chimaev, Strickland acudió a su cuenta de ‘X’ para actualizar su estado físico y, de paso, devolver el golpe. Su mensaje mezcló el parte médico con el desprecio hacia su rival, en un tono que dejaba claro que no piensa dejar pasar ninguna provocación.

«Todos siguen preguntándome cuándo voy a pelear de nuevo. El hombro se está poniendo sólido, solo necesito un poco más de tiempo», escribió el estadounidense, confirmando que la lesión que arrastra desde el UFC 328 —una pelea que se disputó hace más de dos meses— sigue condicionando su regreso. La recuperación avanza, pero todavía no está en condiciones de fijar una fecha.

La segunda parte del mensaje fue puro veneno dirigido a Chimaev, y apuntó justo a su talón de Aquiles: «En cuanto a contra quién voy a pelear, Chimaev no para de abrir su maldita boca. ¿Quieres que te enseñe a cómo cortar peso para que dejes de quejarte en tu segunda derrota?». Con una sola frase, Strickland ridiculizó las quejas del checheno sobre la báscula y, además, dio por hecho que un eventual segundo combate acabaría igual que el primero.

Un desafío que da por perdida la revancha antes de firmarla

El detalle no es menor. Strickland no solo se burla del principal problema que Chimaev reconoce tener, el corte de peso, sino que se ofrece a «enseñarle» a hacerlo mientras adelanta el resultado de un combate que ni siquiera está cerrado. Es una forma de meter presión psicológica: convertir la debilidad admitida por el rival en el eje de la burla y, al mismo tiempo, blindarse como favorito.

Ese enfoque encaja con el personaje que Strickland ha construido dentro y fuera del octágono, siempre dispuesto a la provocación verbal. La diferencia es que ahora habla desde la posición de campeón y con la ventaja de haber ganado el primer asalto de esta historia, lo que le da un margen del que Chimaev carece.

Chimaev no se achanta: «No llores como una niña la próxima vez»

Lejos de encajar el golpe en silencio, ‘Borz’ respondió con la misma dureza a través de su cuenta de ‘X’. El checheno tiró de desprecio y le devolvió a Strickland cada una de las acusaciones, elevando todavía más la temperatura de un careo que ya no distingue entre lo deportivo y lo personal.

«Este cobarde empezó a hablar otra vez. Cuando me veas de nuevo, pide perdón, que se te da bien eso. Lo más importante es que no llores como una niña la próxima vez», lanzó Chimaev. El mensaje resume su estrategia: presentarse como el agresor que busca el combate y colocar al campeón en el papel de quien se esconde, invirtiendo por completo la narrativa que Strickland había planteado con su pulla sobre las quejas.

Así, la cuenta atrás verbal está en marcha aunque no haya nada firmado. Ambos peleadores manejan la posibilidad de volver a subirse al octágono antes de que termine el año, pero por ahora no existe ningún anuncio oficial sobre la revancha. La lesión del hombro de Strickland y la agenda de Chimaev son las dos variables que marcan los tiempos.

El problema de credibilidad que arrastra su primer combate

Hay un matiz que sobrevuela todo este intercambio de mensajes y que complica venderlo como una guerra auténtica: su primera pelea dejó mucho que desear. En la previa, ambos calentaron tanto la rivalidad que la UFC se vio obligada a reforzar la seguridad, hasta el punto de que muchos aficionados dieron por hecho que el ‘beef’ era real. Sin embargo, la realidad tenía matices.

Para empezar, los dos peleadores habían entrenado juntos en el pasado, lo que ya restaba credibilidad a la supuesta enemistad. Y lo que ocurrió aquella noche terminó de desmontar el relato: después de decirse de todo durante semanas, Chimaev y Strickland se saludaron justo antes de que sonara la campana, en un gesto que poco tenía de dos enemigos irreconciliables.

El gesto del cinturón que lo dijo todo

El desenlace del combate fue igual de revelador. El duelo resultó descafeinado, lejos de la violencia que la promoción había prometido, y al terminar fue el propio Chimaev quien le colocó el cinturón a Strickland, como si perder no le importara demasiado. Esa imagen, más propia de dos compañeros que de dos rivales enfrentados a muerte, es la que ahora juega en contra de todo el ‘show’ verbal.

Por qué costará que el público se lo crea otra vez

Con esos precedentes, a Chimaev y Strickland les costará mucho volver a convencer de que esta vez la rivalidad sí es real. El aficionado ya vio cómo un enfrentamiento presentado como explosivo acabó en saludo cordial, duelo plano y gesto de cortesía con el cinturón. Reconstruir esa tensión desde ‘X’ exige algo más que insultos cruzados, y ese es el reto de márketing que tienen por delante si quieren que la segunda parte genere el interés que se le supone a una revancha entre un campeón y su retador.

RAF, Woodley y el plan del 5 de septiembre

Mientras el pulso con Strickland sigue en el terreno de lo hipotético, Chimaev sí tiene un compromiso concreto en el calendario. El checheno competirá de nuevo el 5 de septiembre en RAF, donde se medirá a Tyron Woodley. Se trata de una cita al margen de la disputa por el título de peso medio de la UFC, pero perfectamente integrada en su hoja de ruta.

El objetivo de esa reaparición es claro: seguir afilando su grappling, la faceta que mejor define su estilo de lucha. ‘Borz’ quiere mantenerse activo y en ritmo de competición para no llegar oxidado a la que considera su gran meta, esa revancha contra Strickland que menciona en cada intervención pública.

Una parada intermedia con la vista puesta en la revancha

El planteamiento tiene lógica competitiva. En lugar de esperar sin actividad a que el hombro de Strickland se recupere y a que la UFC mueva ficha, Chimaev opta por subirse al tapiz en RAF y llegar en la mejor forma posible al día en que se cierre la segunda pelea con el campeón. La cita ante Woodley funciona, en ese sentido, como banco de pruebas y como forma de mantener su nombre en primera línea.

De momento, todo lo demás sigue en el aire. No hay revancha firmada, no hay fecha para el reencuentro con Strickland y el campeón todavía no ha marcado su regreso mientras el hombro termina de sanar. Lo único cerrado es la reaparición de Chimaev el 5 de septiembre y una rivalidad que, real o inflada, ha vuelto a poner a los dos peleadores en el centro de la conversación del peso medio.

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