Topuria cae con honor ante Gaethje en la Casa Blanca: la mandíbula de acero que el octógono no pudo tumbar

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Topuria cae con honor ante Gaethje en la Casa Blanca: la mandíbula de acero que el octógono no pudo tumbar


Desde Deporte de Contacto lo hemos vivido con el corazón en un puño, y os lo digo tal y como lo siento. Lo que ocurrió esta madrugada en los jardines de la Casa Blanca, en el estelar de UFC Freedom 250, no es una derrota cualquiera. Es de esas noches que se quedan grabadas a fuego en la memoria de cualquier aficionado a los deportes de contacto, porque vimos a un guerrero darlo absolutamente todo delante del mundo entero. Justin Gaethje se proclamó nuevo campeón del peso ligero, sí, pero quien escribió la página más grande de coraje fue Ilia Topuria.

Y antes de entrar en faena, conviene poner las cosas en su sitio para entender la magnitud de la cita. Esto no fue un evento más del calendario. Fue una velada histórica, montada en pleno corazón de Washington D.C., en los terrenos de la Casa Blanca, como parte de las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Una arena para 4.500 espectadores, un fan fest a las afueras que reunió a decenas de miles de aficionados, y hasta un retraso por tormenta eléctrica que obligó a frenar el arranque por los fuertes vientos y los rayos en la zona. Ahí, en ese escenario que parecía sacado de una superproducción, nuestro Ilia salió a defender su corona.


Un dios del octógono al que nadie deja tumbado

Os lo digo como lo siento: lo de Ilia fue una exhibición de casta de las que ya no se ven todos los días. Recibió castigo, claro que lo recibió. Le castigaron el rostro asalto tras asalto, le complicaron la visión, le acumularon daño en la ceja y en la zona de la nariz. Y aun así, ¿alguien lo vio caer rendido? Nadie. Esa mandíbula de acero aguantó todas y cada una de las embestidas que le llegaron, como un auténtico dios del octógono. Se puede decir bien claro y sin miedo a exagerar: a Topuria no hay quien lo deje tumbado.

Llegaba además invicto, con un récord inmaculado de 17-0, después de coronarse en el peso ligero tras superar a Charles Oliveira. Era el campeón, el favorito en las casas de apuestas, el hombre que había puesto patas arriba dos divisiones. Y lo que demostró anoche es que su corazón está a la altura de su talento. Porque una cosa es ganar cuando todo sale rodado, y otra muy distinta es plantar cara cuando el combate se te pone cuesta arriba y el cuerpo empieza a pasar factura. Ahí es donde se ve de qué pasta está hecho un campeón de verdad.

Su estrategia fue la de siempre, la del valiente, la que nos enamoró desde el primer día. Ir hacia delante. Una vez y otra, sin parar, sin dar un solo paso atrás aunque le estuvieran castigando. Buscó constantemente acortar la distancia, meter a Gaethje en la jaula, encerrarlo contra la reja y trabajarlo de cerca, que es donde Ilia se hace gigante. En más de un pasaje lo consiguió: lo arrinconó, le metió mano al cuerpo, lo dobló contra la jaula y le hizo sentir su presión. Esa mentalidad de no rendirse jamás, de avanzar incluso sangrando, es la que mantuvo intacta hasta el último segundo que le dejaron pelear.

La decisión más difícil: el médico y su hermano dijeron basta

La pelea no la decidió un nocaut. No hubo un golpe definitivo que apagara las luces. La decidieron la cordura y el amor. Al término del cuarto asalto, con el rostro muy castigado, una profunda abertura cerca del ojo y serios problemas para ver con normalidad —los primeros indicios apuntaban incluso a una posible fractura nasal—, fueron el equipo médico y su hermano Aleksandre quienes entendieron que prolongar aquello era un riesgo que no merecía la pena correr.

Y aquí hay que ser muy claro, porque se va a hablar mucho de esto en los próximos días: Ilia quería seguir. Por supuesto que quería. El que conoce a Topuria sabe que ese hombre se habría arrastrado hasta el quinto asalto con tal de no ceder el cinturón. Pero a veces parar a tiempo es también una forma de proteger al campeón, de cuidar al hermano, de pensar en las muchas batallas que todavía le quedan por delante. La esquina tomó la decisión más difícil que existe en este deporte, esa que nadie quiere tomar, y la tomó por las razones correctas. Detener el combate no le quita ni un gramo de grandeza a lo que hizo Ilia sobre la lona. Al contrario: completar el tercer y el cuarto asalto en esas condiciones, viendo con dificultad, fue una auténtica demostración de valentía.

El mérito de Justin Gaethje: paciencia, distancia y trabajo de martillo pilón

Y siendo justos, que para eso estamos aquí, hay que destacar la pelea que hizo Justin Gaethje, porque la trabajó con una seriedad enorme y se la había preparado a conciencia. Quizá técnicamente no sea el luchador más completo ni el más vistoso del roster de la UFC, y probablemente él mismo lo asuma, pero supo exactamente lo que tenía que hacer de principio a fin. Y lo que tenía que hacer era esperar.

La clave de todo estuvo en la diferencia física y en cómo Gaethje supo exprimirla. Con su 1,80 m frente al 1,70 y poco de Ilia, el estadounidense contaba con esos casi 10 centímetros de altura que se traducían en una envergadura claramente superior. Eso le permitía pelear a una distancia en la que sus rectos llegaban primero, mientras que Ilia tenía que recorrer un camino más largo para entrar. Gaethje fue inteligente: no se enredó en la guerra de cerca que buscaba el campeón, sino que mantuvo el combate en su terreno, en la media y larga distancia, y desde ahí fue conectando con rectos y combinaciones a la cara, castigando una y otra vez la ceja y la zona de la nariz hasta provocar la inflamación que terminó decidiéndolo todo.

Cuando Ilia sacó toda su artillería, cuando lo encerró contra la jaula y le metió toda la presión de la que es capaz, ahí Gaethje también supo aguantar. No se vino abajo, no perdió la cabeza, supo capear los peores momentos del campeón y esperar a que pasara la tormenta para volver a su plan. Esa templanza, en un escenario semejante y con un rival como Topuria, tiene muchísimo mérito.

Y a partir de ahí, asalto tras asalto, Gaethje fue lo que tenía que ser: un martillo pilón. Golpe a golpe, recto a recto, sin prisa pero sin pausa, fue minando físicamente al campeón. No buscó el nocaut espectacular, buscó el desgaste, la acumulación, ir haciendo mella poco a poco hasta que el daño fuera tan evidente que el propio rincón rival tuviera que rendirse a la evidencia. Una pelea de paciencia, de oficio y de contra muy bien trabajada. Hay que reconocérselo.

Lo que significó esta noche para el peso ligero

No se nos puede olvidar el contexto deportivo, porque ayuda a dimensionar lo que pasó. Gaethje no era ningún advenedizo: llegaba con un récord de 27-5 y venía de imponerse a Paddy Pimblett, es decir, llegaba en forma, con confianza y con galones. La división del peso ligero es probablemente la más exigente y profunda de toda la UFC, y ahí dentro no se regala absolutamente nada. Que Topuria llegara invicto y favorito decía mucho de su nivel; que Gaethje le arrebatara el cinturón a base de plan, físico y oficio dice mucho del veterano. Fue, en definitiva, un duelo de altísimo nivel entre dos peleadores de época, en el escenario más mediático que ha tenido este deporte en mucho tiempo.

La velada, por cierto, venía caliente desde el careo previo en el Monumento a Lincoln, donde los nervios afloraron y hubo más tensión de la habitual. Esa chispa previa anticipaba lo que luego vimos: dos hombres que se lo querían comer todo, que se respetaban pero que no se iban a regalar ni un centímetro. Y así fue.

Lo que se queda en la Tribu

Hoy en Deporte de Contacto no vemos a un Ilia derrotado. Nos negamos a leerlo así. Vemos a un peleador que dejó hasta la última gota de coraje sobre la lona de la Casa Blanca, que demostró que su corazón es tan grande como su talento, y que se marcha de pie, con la cabeza bien alta, después de aguantar lo inaguantable. Las derrotas se olvidan con el tiempo; la grandeza con la que se pelea, esa no se olvida nunca.

Que nadie se equivoque ni entierre a nadie antes de tiempo. Una noche no borra todo lo que este hombre ha construido, ni el camino que tiene por delante. Topuria es joven, es campeón en lo más profundo de donde se forjan los campeones, y volverá. Volverá con más hambre, más rabia y más ganas que nunca, porque los grandes se miden precisamente por cómo se levantan de las noches duras.

Y la Tribu estará ahí, como siempre, en lo bueno y en lo malo, esperándolo con los brazos abiertos. Porque eso es lo que somos. Porque eso es lo que hacemos.

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