¿Debería la MMA de implantar el VAR en los combates?

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¿Debería la MMA de implantar el VAR en los combates?

El dedo que ve por encima del guante: la sombra de los piquetes que persigue a Justin Gaethje

Hay derrotas que duelen en el marcador y derrotas que duelen en la retina. La de Ilia Topuria en la Casa Blanca, aquella noche de junio en que el azulgrana se quedó sin corona ante Justin Gaethje, fue de las segundas. Literalmente. Y digo bien: literalmente. Porque lo que se llevó Ilia de Washington no fue solo el cinturón perdido, sino los dos ojos cerrados, la visión apagada, el cuerpo facturado hacia un hospital antes de que le levantaran la mano al rival.

Y ahí, mis queridos miembros de la Tribu, empieza una conversación que llevamos años posponiendo.


Lo que vimos en la Casa Blanca

Vamos a los hechos, que es lo que toca antes de opinar. El rincón de Topuria se vio obligado a tirar la toalla tras el cuarto asalto. El antes invicto especialista del nocaut fue masacrado en un combate brutal, sin duda el más duro de su carrera. Según ESPN, Gaethje iba ganando 39-37 en las tres tarjetas en el momento de la parada.

El propio Ilia rompió su silencio después. Reconoció que perdió la visión en ambos ojos durante la pelea y, fiel a su estilo, felicitó al campeón y pidió la revancha, prometiendo volver «más fuerte, más sabio y mucho más peligroso». Un uppercut de derecha le comprometió el ojo derecho, y un tercer asalto brutal estuvo a punto de cerrarle por completo el izquierdo.

Hasta aquí, la épica del combate. Topuria perdió, perdió de verdad, y honra al deporte quien reconoce la derrota como la reconoció él. Pero hay un matiz que la Tribu no puede dejar pasar, y es que esta historia de ojos apagados en un rival de Gaethje no es nueva. Ni mucho menos.

El patrón que lleva años repitiéndose

Aquí es donde el periodista que llevo dentro levanta la ceja. Porque cuando un mismo gesto aparece pelea tras pelea, rival tras rival, deja de ser anécdota para convertirse en patrón. Y el historial de Justin Gaethje con los dedos sueltos es, como mínimo, llamativo.

Rafael Fiziev, UFC 286 (2023). El kazajo nunca lo ha olvidado. «Solo empezó a ganarme después del piquete, porque mi ojo no veía. Había un gran círculo blanco en mi ojo derecho durante toda la pelea… no veía nada con el ojo derecho», contó Fiziev. Aquella victoria de Gaethje por decisión mayoritaria ya fue polémica de por sí, con mucha gente dándole la pelea al kazajo. Gaethje, por su parte, se defendió con una de las suyas: que le pegó tan fuerte que Fiziev se olvidó de qué ojo le habían tocado.

Paddy Pimblett, UFC 324 (enero 2026). Y aquí ya no hablamos de un piquete, sino de dos. En el primer asalto, el árbitro Marc Goddard advirtió a Gaethje de que un segundo piquete le costaría un punto, pero el oficial no vio la segunda falta. Pese a que Pimblett reaccionó de inmediato y se detuvo brevemente, el árbitro no emitió advertencia, deducción de puntos ni tiempo muerto. No se realizó ninguna revisión de la repetición, y el combate continuó sin interrupción.

El detalle técnico es el que de verdad importa, y un aficionado lo clavó: el piquete de Gaethje sobre Pimblett fue un pulgar dentro del ojo desde un puño cerrado, en lugar de un dedo desde una mano abierta. Hasta Joe Rogan, desde los comentarios, reconoció en directo que aquello comprometió el ojo del de Liverpool.

Y la frase que lo resume todo, dicha por el propio Paddy meses después: «Yo contra Justin, hagámoslo. Sin piquetes, y veremos cómo va la pelea.» Cuando un rival te reta condicionando la revancha a que «esta vez no metas los dedos», algo huele raro en el reino del octágono.

El 60/20/15: dónde encaja esto en mi marco de análisis

Los que me seguís sabéis que no me gusta hablar de peleas como si fueran loterías. Para mí, el resultado de un combate se descompone más o menos así: un 60% es preparación, plan de pelea y ejecución técnica; un 20% es el factor físico y la genética competitiva; y un 15% es el contexto —el corner, el árbitro, el estado anímico, las condiciones—. El 5% restante, ese pequeño margen, es el azar puro, lo imponderable.

Pues bien: el piquete al ojo vive precisamente en ese 15% de contexto que no debería existir. No es técnica. No es físico. Es una falta que, por acción u omisión arbitral, se cuela en la ecuación y la pervierte. Y cuando un mismo elemento del 15% aparece sistemáticamente a favor del mismo peleador, ese 15% deja de ser ruido y empieza a ser señal.

Que conste: nadie aquí está diciendo que Gaethje no sea un guerrero descomunal. Lo de la Casa Blanca fue uno de los mayores batacazos de la historia de la UFC, parando a Topuria para hacerse con el título indiscutido de peso ligero. El hombre es de una dureza espantosa y ha ganado lo que ha ganado con méritos de sobra. Pero precisamente por eso —porque no lo necesita— resulta más sangrante que su nombre aparezca una y otra vez ligado al mismo gesto sucio.

¿Un VAR para el octágono?

Y llegamos a tu pregunta, que es la madre del cordero. ¿Por qué no un VAR, como en el fútbol, que revise en tiempo real si los dedos salieron del guante en un agarre legítimo o si fueron a buscar el ojo del rival?

La idea no es ninguna locura, y de hecho ya existe un embrión de ella: la UFC tiene revisión instantánea para fauls accidentales que pueden cambiar el resultado. El problema es que se aplica de forma reactiva, lenta y a discreción del árbitro. En el caso de Pimblett, sencillamente, no se usó. Y ese es el agujero negro: la tecnología existe, pero el criterio para activarla es humano, tardío y desigual.

Un sistema de revisión sistemática del agarre y la posición de la mano tendría sentido por varias razones. Primero, porque el guante de MMA es abierto por diseño, y eso convierte el piquete en un riesgo estructural del deporte, no en una rareza. Segundo, porque la ceguera, aunque sea momentánea, es de las pocas lesiones que destruyen un combate de manera instantánea e irreversible dentro de los cinco minutos del asalto. Y tercero, porque la integridad competitiva exige que el azar y la falta no decidan títulos mundiales.

Ahora bien, seamos honestos con los contras, que para eso estamos en la Tribu y no en un foro de fanboys. Un VAR ralentizaría el ritmo del combate, que es justo lo que hace especial a este deporte. Habría que decidir quién revisa y bajo qué umbral. Y existe el riesgo de judicializar cada agarre, cada roce, hasta convertir una pelea en un pleito. El equilibrio entre limpieza y fluidez es endiablado.

Pero que sea difícil no significa que no haya que intentarlo. El boxeo tardó décadas en aceptar las repeticiones; el fútbol vivió su guerra civil con el VAR y hoy nadie lo quita. La pregunta no es si la tecnología debe entrar en la jaula, sino cómo hacerlo sin matar el alma del deporte.

El cierre de la Tribu

Que quede claro lo que esto es y lo que no es. No es una cruzada contra Justin Gaethje, un campeón legítimo que ha sangrado en el octágono más que la mayoría. Es una llamada de atención sobre un patrón que llevamos años viendo y normalizando: el dedo que ve por encima del guante, la falta que se cuela en el resultado, el ojo del rival apagado mientras el combate sigue.

Ilia Topuria salió de la Casa Blanca camino del hospital. Fiziev sigue hablando de su círculo blanco. Pimblett pide una revancha «sin piquetes». Tres rivales, tres ojos, una misma sombra. A lo mejor ya va siendo hora de que el deporte se mire a sí mismo y decida si quiere que las peleas las ganen los puños o los pulgares.

La técnica está en la mano cerrada. La trampa, en los dedos sueltos. Y nosotros, la Tribu, lo que pedimos es bien sencillo: que gane el mejor, no el que mejor encuentra el ojo.

Únete a la Tribu y sigamos hablando de combate de contacto sin pelos en la lengua, y Fredi ni en la cabeza !

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